Un testamento, también llamado última voluntad y testamento, es importante para que el testador defina, durante su vida, cómo desea administrar y disponer de sus bienes. Es un acto unilateral y revocable, ya que el testador puede modificarlo en cualquier momento.

Es importante destacar que el testador solo puede administrar el 50% de su patrimonio. Esto se debe a que la otra mitad debe repartirse entre los herederos necesarios (ascendientes, descendientes y cónyuge o pareja supérstite).

El testamento también es una excelente opción para quienes no tienen herederos necesarios, pudiendo utilizar este instrumento para disponer de todos sus bienes, sin el límite mencionado anteriormente, evitando así que los bienes pasen al Estado.

La disposición de un testamento puede formalizarse de diversas maneras, como se indica a continuación. Consultar con un abogado especializado es fundamental para evitar la nulidad del testamento en el futuro y garantizar la protección de la voluntad del testador.

– Testamento Público: se redacta ante notario en una oficina de registro y requiere la presencia de testigos durante la firma.

– Testamento privado: puede ser escrito a mano por la persona (testador) o mecanografiado y generalmente requiere la presencia de testigos y, en algunos lugares, la posterior confirmación por parte de un notario.

– Testamento Cerrado: el testador escribe o dicta sus últimas voluntades ante un notario y el documento es sellado y conservado por el notario hasta la muerte del testador.

Testamento Militar: Específico para militares en servicio activo. Puede otorgarse en situaciones de guerra o cuando el testador se encuentra en servicio militar.

– Testamento Vital (o Testamento Vital y Voluntad Anticipada): conocido como testamento biológico o testamento vital, se ocupa no sólo de la distribución de bienes, sino también de las preferencias del testador respecto a los tratamientos médicos en situaciones terminales.