La planificación patrimonial consiste en un conjunto de estrategias que facilitan la transición de los activos de una persona a sus herederos, y es recomendable para todos, con especial énfasis en aquellas personas de 60 años o más, así como para quienes ya han acumulado una riqueza considerable.

Desarrollar un plan de sucesión puede traer varios beneficios, tales como:

Reducción de Gastos Burocráticos: Reducción de gastos (honorarios y tasas x costas judiciales), honorarios legales, entre otros.

Prevención de conflictos familiares: Un plan bien preparado tiene el potencial de minimizar la fricción entre los herederos con respecto a los activos dejados y cómo se administran.

Ahorro en Costos Fiscales: Dependiendo del caso específico, la planificación fiscal puede reducir significativamente la carga tributaria en las transmisiones de herencia al estructurar la forma en que se mantienen y transfieren los activos a los herederos.

Independencia y agilidad: Las soluciones legales no siempre son rápidas, lo que prolonga el proceso de transferencia de activos. Por otro lado, la planificación patrimonial reduce los tiempos de espera y la burocracia asociada.

En resumen, la planificación de la sucesión no sólo facilita la transferencia organizada de activos, sino que también ofrece beneficios financieros y emocionales, promoviendo mayor armonía, agilidad y menores costos para la familia.